Mirada Multipolar | Choque de modelos en la Asamblea virtual de Naciones Unidas

por Sebastián Tapia

El martes 22 de Septiembre comenzó el 75° período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas. Debido a la pandemia de COVID-19, el tradicional desfile de primeros mandatarios de todo el mundo fue reemplazado por una serie de mensajes grabados en video, dando paso a la primer sesión virtual de la Asamblea General en la historia de la organización.

Tal vez la comodidad de grabar los mensajes desde su propio país de origen, sin tener que movilizarse ni realizar trámites aduaneros o de migraciones, dejó ver una disminución en el barniz diplomático que suelen tener los discursos. Se pudieron distinguir claramente en las declaraciones dos grades modelos: el excepcionalismo, caracterizado por señalar culpables y promover sanciones, y el multipolarismo, defensor del tradicional multilateralismo de la organización y del diálogo como método de resolución de conflictos.

Dos modelos

El modelo del excepcionalismo fue marcado en el discurso del presidente estadounidense, Donald Trump. En su discurso, Estados Unidos es un país excepcional, único en el mundo, como se puede ver en frases como : “EEUU siempre será lider en derechos humanos”, “sabemos que la prosperidad estadounidense es la base de la libertad y seguridad en todo el mundo”, “tenemos un ejército más poderos que el de cualquier parte del mundo” o “atacan al excepcional comportamiento medioambiental de los Estados Unidos”. Por otro lado, presenta a un culpable de todos los males: “mientras perseguimos nuestro brillante futuro, debemos hacer responsable a la nación que desató esta plaga sobre la tierra: China”, “las Naciones Unidas debe hacer responsable a China por todas sus acciones”. Y por otro recuerda las sanciones: “Estados Unidos está completando su destino como pacificador, pero es una paz desde la fuerza” o “Nuestras armas están en un nivel avanzado como no lo estuvieron nunca (…) y sólo le rezo a Dios que no tengamos que usarlas”.

El discurso del presidente chino, Xi Jinping, no buscó confrontar las acusaciones estadounidenses. Todo lo contrario, siguiendo este modelo multipolar, buscó enfatizar la cooperación entre países y resaltar el orden mundial basado en la Organización de Naciones Unidas: “Todos los países están conectados y compartimos un futuro común. Ningún país puede ganar con las dificultades de otro o mantener su estabilidad tomando ventaja de los problemas de otro”, “Debemos vernos como miembros de una misma gran familia, buscar cooperación donde todos ganen”, “Debemos ser fieles al multilateralismo y salvaguardar al sistema internacional con las Naciones Unidas como núcleo. La gobernanza mundial debe basarse en el principio de consulta, cooperación conjunta y beneficios compartidos para asegurar a todos los países el disfrute de iguales derechos y oportunidades siguiendo las mismas reglas”.

El discurso de Vladimir Putin, presidente de Rusia, también entra en este segundo modelo: “La única manera de elaborar una solución (a la crisis del COVID-19) es trabajando juntos, lo que es la tarea más importante tanto para las Naciones Unidas como para los países del G20, como también otras organizaciones inter estatales y asociaciones de integración”, “esta misma idea de crecimiento integrativo cualitativo, la integración de integraciones, está detrás de la iniciativa rusa de crear una Gran Asociación Eurasiática involucrando a todos los países europeos y asiáticos sin excepción” o “Creemos que el prestigio de Naciones Unidas podrá reforzar y mejorar el rol del componente humano o humanitario en las relaciones multilaterales o bilaterales”

Esta diferencia, entre aquellos que ven el mundo como un conflicto donde unos están bien y el resto está mal, y deben pagar por eso, o quienes lo ven como una gran comunidad de naciones tratando de trabajar en conjunto, se vió reflejado en los discursos de los presidentes de los países de la región latinoamericana.

Enfrentamientos regionales

Ivan Duque, el presidente de Colombia, adoptó el modelo excepcionalista al momento de realizar su discurso en la Asamblea. En cuanto a lo privilegiado de su país, remarcó el accionar de Colombia en la conservación ambiental, reconoció el accionar de los líderes sociales y defensores de derechos humanos y resaltó la lucha contra la desigualdad social y el narcotráfico. Su discurso fue duramente criticado por quienes no creen que esto sea así, ni en lo ecológico, ni en lo social. Duque también identificó a un culpable de los problemas de la región: “el régimen dictatorial de Maduro se sostiene con los recursos del narcotráfico, alberga terroristas y es una amenaza constante a la paz de la región”.

Al igual que en el caso de Xi, Nicolás Maduro evitó responder las acusaciones de Duque. En su discurso, apostó por la multilateralidad y la multipolaridad:

“Hoy estamos ante un reto, o construimos un mundo multipolar donde todos existamos, seamos respetados, un mundo de equilibrio, con el respeto pleno del Sistema de Naciones Unidas y el sistema internacional, o se impone un mundo hegemónico, dominado por un solo hegemón, un mundo unipolar”

Siendo el primero un mundo que facilita la diversidad, la paz y la cooperación, mientras el segundo es el mundo del imperialismo. También sostuvo el accionar de la OMS, como organismo multilateral encargado de enfrentar la pandemia del COVID-19.

Quien aprovechó su discurso para amenazar con sanciones contra Venezuela fue el autodenominado presidente interino, Juan Guaidó. Por razones obvias su discurso no fue televisado en la sala de la Asamblea General, sino que fue transmitido sólo por Twitter, pero le sirvió de plataforma para pedir una intervención internacional a su país bajo el principio de Responsabilidad para Proteger. Ese mismo principio con el que Estados Unidos justificó los bombardeos en la ex-Yugoslavia, Irak, Libia, etc.

Otro líder regional que adoptó el modelo excepcionalista fue la presidenta de facto de Bolivia, Jeanine Áñez. En su caso, no culpó a Maduro de sus problemas, sino que denunció ante la Asamblea General “el acoso sistemático y abusivo que ejerce, desde la Argentina, el gobierno kirchnerista, contra las instituciones y contra los valores republicanos en Bolivia”.  Pero no es sólo un problema con Argentina. Según ella, si no fuera por “los proyectos del populismo caudillista y autoritario” América Latina disfrutaría de la libertad y prosperidad.

Al igual que en los casos anteriores, Alberto Fernández desoyó las acusaciones para encarar un discurso dirigido a todas las naciones, con un espíritu multipolar: “No es tiempo de globalizar la indiferencia sino de globalizar la solidaridad en múltiples dimensiones”, “(…) porque de la pandemia, al igual que de la pobreza, ‘nadie se salva solo'”, “Tenemos que ser arquitectos de una nueva ‘casa común’” y “Espero que la solidaridad, el diálogo y la cooperación entre naciones, como alguna vez supimos hacerlo, sigan siendo el camino para enfrentar los desafíos que tenemos como humanidad”

En cuanto al multilateralismo: “Necesitamos unas Naciones Unidas 4.0, con sus valores fundacionales intactos y con la lucidez para incorporar los inmensos cambios tecnológicos en marcha, para hacerlos más humanos, más democráticos y más inclusivos socialmente” e “Instamos a la comunidad internacional a continuar buscando nuevas alternativas multilaterales que faciliten la reestructuración ordenada de las deudas y asegurar la mayor disponibilidad de recursos para la aplicación de políticas públicas para enfrentar la pandemia y sostener el crecimiento inclusivo”.

Tampoco dudó en recordar los 55 años de la resolución 2065 de la Asamblea General que llama al diálogo entre al Argentina y el Reino Unido para resolver la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, el rol del Comité Especial de Descolonización y los buenos oficios del Secretario General. Es decir, confía plenamente en el ámbito de Naciones Unidas para resolver este problema central en la identidad argentina.

 

Estos dos modelos que identificamos en los discursos muestran las dos opciones con las que se enfrentan los estados en esta nueva etapa. Son los dos bloques de esta “Nueva Guerra Fría”, o los referentes de aquello que está muriendo y aquello que está por nacer.

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