Pensar la Unidad Sudamericana hoy | Soberanía sanitaria, derecho a la salud e integración sudamericana

El miércoles 25 de Noviembre tuvimos el séptimo diálogo del ciclo “Pensar la Unidad Sudamericana hoy”, coordinado por Mariana Vázquez y el auspicio del Centro de Estudios en Ciudadanía, Estado y Asuntos Políticos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Podés ver el video completo aquí:

El título del quinto diálogo fue “Soberanía sanitaria, derecho a la salud e integración sudamericana”. Los participantes fueron Pía Rigirozzi,  profesora de política internacional en la Universidad de Southampton, Carina Vance Mafla, ex secretaria ejecutiva del Instituto Sudamericano de Gobierno en Salud de UNASUR y ex Ministra de Salud de Ecuador, y Nicolás Kreplak, Viceministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires y ex Viceministro de Salud de la Nación.

Pía Rigirozzi

Los fracasos en el regionalismo no son de suma cero. Hay momentos en que la coyuntura cambia y los compromisos regionales con ellos. Hay momentos en que el regionalismo tiene estructuras de oportunidad mayor. La estructura actual nos permite pensar la política nacional y la regional como un continuo posible.

El debate sobre soberanía sanitaria cobra un protagonismo central por la crisis del COVID 19.  Trae consigo la necesidad de discutir las oportunidades que los mecanismos regionales puedan ofrecer para garantizar que los gobiernos reciban las vacunas, que haya una distribución o adquisición equitativa y que no haya políticas discriminatorias.

Las demandas de soberanía sanitaria desde los estados se refiere a moderar el impacto del precio de los medicamentos, reducir dependencias extranjeras y garantizar el acceso universal a los medicamentos.

Toda emergencia sanitaria es una prueba para los organismos internacionales. El Coronavirus se da en un contexto de competencia geopolítica entre China y Estados Unidos.

Hay mucho campo para pensar cómo la soberanía sanitaria puede recrearse a partir de los organismos internacionales. Hay mucho legado, hay mucha infraestructura de cooperación en UNASUR, MERCOSUR, para reforzar la soberanía sanitaria. Pero el COVID se suma a otras epidemias como el Dengue, Chikungunya, Malaria, etc.

Los organismos internacionales son importantes porque pueden generar marcos normativos y permiten generar redes internacionales de expertos

Carina Vance Mafla

La gran pregunta es cómo lograr cambios sostenibles. ¿Cómo logramos democracias verdaderamente participativas? Podemos debatir el rol de los organismos internacionales, pero esto es lo medular.

Esta pandemia nos pone el reto de pensar qué es lo que tenemos que cambiar. Las inequidades se siguen profundizando. Conocemos el daño del cambio climático, poniendo en peligro la existencia de la especie, y sin embargo no hay voluntad política para el cambio.

En el Ecuador tenemos la experiencia del presidente Moreno que cambió su plan de gobierno en su propia toma de poder. ¿Cómo podemos asegurarnos que esto no se repita? La integración regional ha sido traicionada por quienes prefirieron intereses comerciales y la concentración de la riqueza en las elites.

En la OMS el 20% de sus fondos son para uso general, el año pasado bajó a 16%. El resto lo aportan los países a diferentes fondos para los usos que más convienen a sus intereses, o por privados que plantean sus propias prioridades.

En Ecuador hay 40.000 muertes en exceso, un 50% más que el año pasado, debido a las políticas tomadas por el gobierno.

Tenemos que pensar en la salud en este proceso de determinación social para revertir el curso que llevamos. Debemos lograr la movilización social para estos cambios. Cuestionar nuestro modelo de desarrollo, que no es sostenible. Hay que pensar la salud como protección social.

Nicolás Kreplak

La pandemia recrudeció situaciones que capitalismo viene generando en América latina de manera muy cruel. Reconstruir la discusión sobre el acceso a los medicamentos con patentes presentes, con precios usureros, con una solución que llegue solamente cuando haya una medicación que lo pueda solucionar, nos aleja mucho de la realidad sanitaria de los pueblos.

Cuando hablamos de soberanía, hablamos de autodeterminación de los pueblos, de construcción de un proyecto de vida distinto. Necesitamos de los organismos internacionales y de la articulación con otros países, pero eso no es suficiente.

No me pasó nunca que tuviera respiradores todo el invierno para los que lo necesitaran. Todos los inviernos tuve situaciones en los que no alcanzaban los respiradores para gente con falta de capacidad respiratoria. Necesitamos que el Estado tenga herramientas para el control de lo que está sucediendo. Las respuestas que dimos fue para generar estas herramientas. Fuimos construyendo capacidad de tomar decisiones para el Estado. Una fue reconstruir el sector público por sobre los otros sectores.

Desde UNASUR y MERCOSUR se promovió la compra en conjunto de medicamentos.

La principal herramienta que tuvimos para la pandemia fue caminar los barrios. Se pensó que el programa Detectar era una cuestión de usar el PCR para ver si la gente tenía o no la enfermedad. Lo que hicimos fue cerrar los barrios y hacer un trabajo casa a casa, llevándole comida. Esto lo hicimos en todo el Conurbano. Nos encargamos que tuviera llegada el Estado, con el IFE y la ayuda a las PyMES.

Cuando pensamos en soberanía sanitaria, estamos pensando en una bandera peronista de siempre, en la soberanía política. Necesitamos soberanía política para tener justicia social. Y para llegar a eso tenemos que discutir la independencia económica.

La tecnocracia sanitaria ha pensado que puede aplicar un mismo plan de salud en cualquier lugar del mundo. La salud y la educación no son servicios que los Estados dan al pueblo, sino derechos que los pueblos han conquistado.

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